jueves, 28 de abril de 2011

Generalidades sobre la Comunicación Educativa

A partir del desarrollo que han tenido los estudios realizados en las dos últimas décadas en torno a la relación comunicación- educación emerge La Comunicación Educativa como un área específica de las Ciencias de la Educación y cuya elaboración teórica metodológica no es aún una construcción acabada.
El término Comunicación Educativa no ha sido empleado solamente en relación con la educación escolarizada, sino que está vinculado a diferentes áreas de la práctica social.
Por ejemplo, en el área política-ideológica, en la práctica de los medios de difusión masiva y en el área pedagógica, que es la que nos interesa abordar, esta última referida por algunos autores como Comunicación Pedagógica (término menos aceptado por su menor grado de generalidad).
En el área pedagógica se distinguen dos enfoques:
La comunicación educativa instrumental: Se enfatiza la comunicación como técnica e instrumento valioso para la educación. Se atiende aquí a la didáctica de los medios de enseñanza y el control del sistema de transmisión entre docente y alumnos con vistas al logro de los objetivos propuestos, así como al uso de técnicas comunicativas utilizadas por el profesor como recursos para que el mensaje llegue al alumno mejor. Este enfoque se corresponde con el primer y segundo modelo de educación ya analizados.
La comunicación educativa procesual: En este enfoque los procesos comunicativos no son instrumentos o estrategias de aprendizaje, sino que constituyen su esencia. En este caso se centra la atención en el proceso mismo y no solamente en sus resultados. Se destaca el papel de la interacción, de la elaboración conjunta de significados entre los participantes como característica esencial del proceso pedagógico. Se tiene en cuenta la contextualización de la acción educativa, considerando los factores socio- políticos que intervienen en la determinación social y el papel de lo individual, lo que se corresponde con el tercer modelo de educación.
Un proceso realmente educativo tiene lugar solamente cuando las relaciones humanas que se producen en el proceso pedagógico no son únicamente de transmisión de información, sino de intercambio, de interacción e influencia mutua, lo que propicia el desarrollo del individuo, su personalidad y del grupo escolar, así como del profesor, ya sea como profesional y persona.
T. E. Landivar define la Comunicación Educativa como "el área de conocimiento teórico- instrumental cuyo objeto de estudio son los procesos de interacción propios de toda relación humana, en donde se transmiten y recrean significados".
Considera Landivar que los procesos de interacción pueden ser presenciales o no, ocurrir en un mismo espacio y tiempo, ser formales, no formales y poseer diferentes grados de sistematización y complejidad tecnológica. Y por finalidad educativa interpreta el propósito explícito o no de una persona o grupo por alcanzar o promover una conducta, actitud conforme a ciertos valores, a partir de lo cual se decidió la acción en el marco de la realidad en que se inscribe.
[_Sagué 96] al investigar la capacidad para la Comunicación Educativa realiza una revisión bibliográfica considerable acerca de la misma planteando como aspectos esenciales en su comprensión:
??Carácter de proceso bidireccional, interactivo
??Necesaria intencionalidad consciente del que educa
??Responde a fines siempre positivos (en correspondencia con el sistema de valores
del marco de referencia).
??Se rodea de un "modo de hacerse" particular (exigencias que son afines a tomar al "otro" en cuenta en la comunicación, permitir su expresión auténtica en el diálogo, acceder a un clima afectivo positivo).
[_Gzlez F.95] considera que tradicionalmente la escuela ha sobrevalorado la enseñanza como su función principal, y la educación interpretada como el desarrollo de la personalidad de los educandos ha pasado a segundo plano. Precisa que la educación debe ser entendida como un proceso orientado al desarrollo pleno del escolar, el cual simultáneamente construye conocimientos y se desarrolla en varios planos como persona y plantea: "el crecimiento de la persona en el proceso educativo se caracteriza por el desarrollo de su autoestima, de su seguridad emocional, sus intereses, etc. así como de su capacidad para comunicarse con los otros, aspectos esenciales para que el propio aprendizaje se caracterice como una función personalizada, estrechamente vinculada a la experiencia del escolar y sus intereses". Considera además que la comunicación individual con el escolar debe comportarse como un principio importante del sistema de comunicación educativa, la cual provee de sentido psicológico otras formas de comunicación maestro- alumno.
Cuando se trata de un proceso de comunicación educativa que tiene lugar en un contexto educativo planificado y dirigido hacia objetivos determinados como la institución escolar, ello exige la intención del sujeto educador que debe poner en función todos sus recursos para lograrla; por lo que debe esperarse la preparación del educador en este sentido. Por lo tanto cuando se plantee establecer una comunicación adecuada profesor alumnos en el proceso pedagógico, se trata pues de lograr una comunicación educativa.

La comunicación. Conceptualización.

Etimológicamente, comunicar proviene del latín communicare, que significa: establecer algo en común con alguien, compartir alguna apreciación, alguna idea, etc. Como podemos observar, de una u otra manera, el término comunicarse hace referencia al establecido de una cierta sintonía entre los sujetos implicados en el proceso.
Debemos tener en cuenta, como elemento de importancia que precisamente la comunicación es un proceso, un intercambio regulado y que siempre existe una intención por parte de los interlocutores.
Este proceso de intercambio, complejo y multifacético, regulado e intencional es concebido por los autores marxistas como compuesto de tres elementos fundamentales:
·         La comunicación como función informativa, enfatizándose la cuestión del intercambio de información.
·         La comunicación como proceso de regulación de la conducta, enfatizándose los elementos interactivos y de influencia mutua entre los actores.
·         La comunicación como proceso de percepción interpersonal, enfatizándose los factores afectivos de la misma.
No resulta fácil brindar una definición de lo que s la comunicación, por lo que nos aventuraremos a ofrecer la siguiente, que proponemos a la consideración de los lectores:
La comunicación es un proceso complejo, de carácter social e interpersonal, en el que se lleva a cabo un intercambio de información, verbal y no verbal, se ejerce una influencia recíproca y se establece un contacto a nivel racional y emocional entre los participantes.
Coincidimos con el criterio de otros autores al plantear que la comunicación es un proceso complejo, de carácter material y espiritual, social e interpersonal que posibilita el intercambio de información, la interacción y la influencia mutua en el comportamiento humano, a partir de la capacidad simbólica del hombre.
¿Qué es la Comunicación Educativa?
Es un proceso de interacción entre profesores, estudiantes y de estos entre sí y de la escuela con la comunidad, que tiene como finalidad crear un clima psicológico favorable, para optimizar el intercambio y recreación de significados y sentidos que contribuyan al desarrollo de la personalidad de los participantes.
No es solamente la comunicación que se da en el aula entre los profesores y los alumnos, sino es mucho más amplio, relaciones que se dan en la sociedad y en la institución. La creación de este clima de intercambio estimula y favorece el mejor desarrollo del proceso docente. En esa interacción no sólo se trasmiten contenidos, es el intercambio y la creación, elaboración de los significados de la realidad, recreados, elaborados, donde participan los interlocutores y todo ese proceso contribuye al desarrollo de la personalidad de todos los implicados.

La Comunicación Educativa

Antecedentes teóricos de la comunicación.
Desde épocas muy remotas tuvo lugar la existencia humana y al formarse las sociedades primitivas, tienen lugar las primeras manifestaciones del establecimiento de las relaciones humanas, como necesidad de subsistencia natural y de relación social más tarde, va encontrando y desarrollando formas más efectivas para establecer vínculos hasta que da lugar la aparición del lenguaje como forma eficaz de comunicación.
Lo anterior permite afirmar que la comunicación es un proceso esencial de la actividad humana a través de todos los tiempos ha tenido cambios que dependen de las condiciones históricas concretas en las que se ha desarrollado el hombre, a pesar de esto la comunicación es una temática que se ha estudiado con mayor profundidad en los últimos 20 a 25 años, resulta este tema de gran interés dentro de la vida social por ser la forma más directa en las que el hombre refleja de manera más clara algunas características de su personalidad que se forma en el proceso de interiorización y asimilación de las experiencias acumuladas, es por ello que la comunicación juega un importante papel en el proceso de socialización.
La palabra "comunicación" procede del latín "comunicare" que significa establecer algo en común con alguien, compartir alguna información, ideas. Esta definición subraya el carácter, lo participativo de la acción. A pesar de su origen etimológico, el uso del término, tanto en la vida cotidiana como en el plano científico, sufre de "polisemia" ya que ha adoptado gran cantidad de significados. Esto quiere decir que la comunicación en su sentido más obvio presupone una participación, una comunión.
Históricamente, el estudio que se hace de la comunicación, se debe a la necesidad de explicar los fenómenos sociales provocados por el desarrollo constante de la sociedad, en esto la educación constituye un elemento importante, ya que es el proceso por el cual las generaciones trasmiten la experiencia histórico-cultural de la sociedad (conocimientos, habilidades, valores, hábitos, costumbres, etc.), desde las edades mas tempranas y en la adolescencia y juventud ésta se torno más intensa de ahí la necesidad de valorarla por parte de los maestros en su labor educacional como componente específico y necesario.
La autora de esta tesis considera que la comunicación pedagógica en el proceso de enseñanza-aprendizaje constituye un logro de la competencia comunicativa de nuestros estudiantes, es tarea a desempeñar en el modelo del profesional que pretendemos formar, por lo que exige del profesor un desenvolvimiento comunicativo de manera coherente y eficaz, por lo que se necesita indagar en la comunicación pedagógica en el marco de la institución escolar.
El desarrollo de la comunicación tanto oral como escrita, está íntimamente relacionada ya que este es el sistema de comunicación más poderoso y eficaz, el atributo más típicamente humano y universalmente reconocido como único del hombre. Es la comunicación un proceso esencial de la actividad humana, comunicación que a través de todos los tiempos ha ido teniendo cambios que dependen de las condiciones históricas concretas en la que se desarrolla el hombre.
Al referirse a esta problemática Marx (1989:2) señala "La verdadera riqueza espiritual del individuo depende íntegramente de las riquezas de sus verdaderas relaciones", relaciones que se dan en el proceso de la actividad y la comunicación. El hombre desde que nace es un individuo, pero aún no es personalidad, sino que se forma y desarrolla como un reflejo individual del conjunto de relaciones sociales, de las condiciones históricas concretas donde se desarrolla la actividad en el proceso de comunicación con los demás.
La comunicación en la escuela se ha caracterizado en muchas ocasiones por ser autoritaria, unidireccional y, por tanto, no participativa. La comunicación profesor-alumno generalmente se manifiesta en la transmisión de información, la evaluación, la estimulación y el castigo, incluso en estos tiempos falta el diálogo, el convenio pedagógico y el comprometimiento de los estudiantes en función de su formación integral.
La monografía retoma aspectos teóricos de la comunicación educativa abordados por diferentes autores como: González (1995), Soto (1997), Carral (1997) y Ojalvo (1999); los cuales abordan temáticas tales como: la importancia en la comunicación educativa en el desarrollo integral de la personalidad, la educación como proceso de interacción, haciendo énfasis en la comunicación educativa en el desarrollo de orientaciones valorativas en los estudiantes.
Definiciones del concepto de comunicación señalan la transmisión de significados (B. Berelson, citado por Mazorra, (1999); otros, atribución de significados (C. F.Hockett, citado por Mazorra, (1999); algunos se refieren a la eficiencia con que se efectúa la comunicación (Salomón, citado por Mazorra, (1999) y si bien estos son aspectos importantes para establecer la comunicación, no pueden faltar elementos tan necesarios como los que plantean Roda y Beltrán, (citados por Mazorra, (1999 P-34), cuando se refiere a que implica un proceso y a la interacción de los individuos en sociedad, lo que proporciona el intercambio entre los seres humanos de sus ideas, sentimientos, experiencias, etc.
En esta tesis se sigue el criterio de la doctora Victoria Ojalvo Mitrany al considerar que "la comunicación es un proceso complejo, de carácter material y espiritual, social e interpersonal que posibilita el intercambio de información, la interacción y la influencia mutua en el comportamiento humano, a partir de la capacidad simbólica del hombre".
Concepciones mas recientes de la comunicación educativa o pedagógica la definen Báxter (1995), Soto (1997) señalando al respecto.
La educación tanto en su sentido más amplio, como más estrecho se desarrolla a través de la comunicación; tanto oral, escrita y no verbal. Esta comunicación cuando se produce en el ámbito de la escuela la definimos como pedagógica, y la que se da en el plano social, con un objetivo educativo, es la que denominamos comunicación educativa. Esta comunicación penetra a la comunicación
ESQUEMA 1



Sociedad

 



Comunicación educativa

                                                         


Escuela


Después de este análisis es necesario para comprender las dimensiones que adquiere la comunicación en el ámbito escolar, que reflexionemos sobre algunas de las características que debe tener la comunicación, tomando como centro la reflexión del profesor y el alumno.
El alumno se apropia del contenido de la enseñanza, mediante explicaciones, ejemplificaciones, modo de actuación que el profesor desarrolla. Se enfrenta a trabajos independientes y al estudio individual a través de la comunicación escrita, logrando intercambios de ideas, puntos de vistas, criterios de sus compañeros, estableciendo una mayor comunicación dentro y fuera del aula al igual que con el profesor y demás personas de la institución escolar.
Otros autores definen la comunicación educativa o pedagógica como un proceso inseparable de la actividad docente donde intervienen diversas prácticas de interacción:
Kalil (1987:54) define la comunicación profesional  como: "un sistema (procedimientos y hábitos) de acción recíproca sociopsicológica del pedagogo y de los educandos, cuyo contenido es el intercambio de la información, ejercen influencia educativa, organizan las relaciones recíprocas con la ayuda de los medios de educación, además, el pedagogo interviene como activador de este proceso organizándolo y dirigiéndolo".
Leontiev (1979:54) define la comunicación  óptima como: "la comunicación del maestro ( y más ampliamente del colectivo pedagógico) con los escolares en el proceso de enseñanza, que crea las mejores condiciones para desarrollar la motivación de los alumnos y el carácter creador de la actividad docente, para formar correctamente la personalidad del escolar..., garantiza la dirección de los procesos socio-psicológicos en el colectivo infantil y permite utilizar al máximo en el proceso docente las particularidades del maestro" .
Ambos autores destacan la necesidad del intercambio entre profesores y alumnos. Leontiev señala al colectivo pedagógico como una manera efectiva de lograr éxito en el proceso docente educativo. La influencia del maestro como guía y conductos del proceso para hacerlo más creativo y contribuir al desarrollo de la personalidad de los educandos.
Leontiev puntualiza que la comunicación educativa tiene tres importantes consecuencias en el proceso de enseñanza-aprendizaje.
·         La creación de un clima psicológico que favorezca el aprendizaje.
·         La optimización de la actividad de estudio.
·         Relaciones entre profesores y alumno y en el colectivo de estudiantes.
Al optimizar las relaciones entre profesor y estudiante se crea un clima de trabajo que estimula las innovaciones positivas, crece el estado de satisfacción ante el aprendizaje, facilitando el desarrollo de la creatividad, esto favorece, eliminar barreras u obstáculos que frenan o hacen tedioso el proceso comunicativo para estudiantes y profesores.
Otros autores subrayan que es necesario organizar adecuadamente la comunicación, integrarse al colectivo estudiantil, de modo que el regulador fundamental de la conducta de los jóvenes sea el sentimiento del colectivismo, las relaciones que se establecen entre docentes y discentes tienen siempre una carga moral, elevando así el sentido de la responsabilidad en el proceso de enseñanza-aprendizaje por ser un proceso eminentemente interactivo-comunicativo, creando así las condiciones psicopedagógicas para la búsqueda colectiva y las reflexiones conjuntas, esto facilita el éxito de la labor educativa y el desarrollo de la personalidad integral del estudiante, superando así la timidez e inseguridad, creando las condiciones tanto para atender particularidades individuales como grupales.

Los medios públicos y comunitarios

Las ciencias de la comunicación se han dedicado desde hace décadas a los estudios sobre medios y percepciones, pero no han abordado suficientemente la comunicación desde el punto de vista de la ciudadanía. Territorio, identidad y acción colectiva son conceptos que cruzan actualmente el ámbito de reflexión de los medios públicos y comunitarios.
Una de las distorsiones principales es el intento de reemplazar la interacción humana, la interlocución o interaprendizaje, por la interactividad tecnológica, basándose en el supuesto de que la mediación electrónica facilita el diálogo.
No deberíamos abundar aquí sobre los límites de los medios privados, pues ya lo hemos hecho en otros textos.  Es importante recordar, sin embargo que la eclosión de empresas privadas de información y difusión en las últimas tres décadas, no ha correspondido, como se esperaba en un primer momento, con una mayor diversidad de opciones. Todo lo contrario, la imposición de un modelo único de televisión o de radio, cuyo eje es el gigantesco mercado de consumidores, ha aniquilado o por lo menos debilitado otras maneras de hacer cultura audiovisual.
La televisión comercial global, que reside en los sistemas de cable y de satélite, no ofrece alternativas al televidente sino por el contrario, se erige en una red única y hegemónica con una visión unilateral del mundo, con contenidos uniformados y homogenizantes, emitiendo los mismos productos, por canales diferentes, 24 horas al día, incluso en idiomas locales. La  televisión privada nacional, no es sino eco de las redes internacionales, ya que su programación no se diferencia fundamentalmente de la programación de las redes de cable o satélite. La televisión “clon”, es el patrón de desarrollo.
Con variantes poco significativas, las empresas de cable ofrecen paquetes de 60 a 80 canales que son pavorosamente parecidos los unos a los otros.  Un ejercicio de “zapping” –cambiar rápidamente de un canal al siguiente- suele confirmar que hay muy poco que ver en semejante oferta de canales, a menos que los niveles de exigencia personal sean muy bajos.

La televisión pública, por comparación, parece funcionar en la clandestinidad. Generalmente tiende a ser ignorada por los espectadores con el argumento manido de su pobreza técnica y falta de espectacularidad, pero lo cierto es que el gusto de los telespectadores, es decir su capacidad de apreciación, ha sido malversado, desintegrado por la televisión comercial, lo mismo en el mundo industrializado que en el Tercer Mundo.

La televisión pública, que ha sobrevivido a pesar de la explosión de las redes comerciales, continúa siendo el púlpito desde el que predican los gobiernos, aunque algunos han tenido la visión de futuro necesaria para abrir espacios a una programación cultural y pública que intenta contrarrestar con producción propia la abundancia de enlatados. Incluso en los países industrializados y ricos la televisión pública enfrenta problemas de sobrevivencia y legitimidad, más aún en países dependientes donde el Estado es demasiado débil y donde la cultura no figura en la lista de prioridades.

La falta de continuidad en los proyectos culturales y educativos de los gobiernos ha llevado a la sociedad civil a ofrecer sus propias respuestas. En ausencia de una política del Estado en la que la comunicación masiva tenga una responsabilidad de promover  el desarrollo social, económico y cultural, otras instituciones han levantado ese estandarte.  Las Organizaciones No Gubernamentales (ONGs) se han comprometido fundamentalmente en proyectos de radio comunitaria, mientras las universidades hicieron el intento –pocas veces con éxito- de poner en pie canales de televisión. 
En la medida en que los medios de información masivos no atienden las necesidades de comunicación comunitarias, las comunidades y organizaciones sociales se dotan de sus propios medios: radio, video, prensa, teatro popular, periódico mural…
La larga experiencia de la radio comunitaria, particularmente en América Latina pero cada vez más en Asia y en África, debe ser la que inspire el desarrollo de la televisión comunitaria así como de las nuevas iniciativas de telecentros o centros multimedia. Los mismos temas son cruciales para su desarrollo:
a) Participación y Apropiación Local,
b) Lengua y Pertinencia Cultural, 
c) Generación de Contenidos Locales,
d) Tecnología Apropiada y Convergencia Tecnológica,  y
 e) Conformación de Redes.

Las ventajas tecnológicas, inicialmente dirigidas a la producción de videos familiares, benefició enormemente el movimiento de video independiente y popular.  Los sindicatos, los grupos de mujeres y jóvenes, las comunidades indígenas y otros sectores se armaron  de cámaras de video para documentar su realidad. Las experiencias se multiplicaron por doquier, tanto en los países industrializados como en los países dependientes. El activismo comunicacional que el video pudo alimentar fue enorme, en muchos ámbitos de actividad relacionados con la libertad de expresión y de organización, así como en proyectos de desarrollo
 Fenómenos más recientes como YouTube o Google Video han contribuido a potenciar el uso de los videos como expresión grupal o individual, mediante la convergencia tecnológica con Internet.
Es una paradoja que las experiencias de radio o televisión comunitaria, y en alguna medida las que pertenecen al sector público, tengan que demostrar su legitimidad aún en países con gobiernos democráticos que ponen todos los escollos posibles para que no prosperen. Si bien se ha avanzado bastante en materia de legislación, parecería que algunos países legislan para ponerle límites a los medios comunitarios, antes que para legitimarlos y apoyarlos
El derecho a la comunicación y la libertad de expresión son derechos ciudadanos
  • El espectro radioeléctrico es patrimonio de la humanidad
  • Un sistema de radiodifusión democrático debe reconocer tres tipos de medios: públicos (estatales), privados (comerciales) y comunitarios
  • Los medios comunitarios deben ser establecidos sin discriminaciones de potencia, cobertura o acceso
  • Es necesario un organismo independiente para administrar y otorgar frecuencias
  • La participación ciudadana en políticas públicas de radiodifusión es indispensable
  • Se requiere de transparencia en los procedimientos de asignación de frecuencias
  • El Estado debe garantizar la sostenibilidad de los medios públicos y comunitarios
  • El Estado debe tomar medidas para impedir los monopolios de propiedad de medios
Los medios comunitarios, a diferencia de los comerciales, fomentan la participación de los ciudadanos en la vida pública, tomando en cuenta la fragmentación de la audiencia en grupos de intereses particulares. Los medios comunitarios enriquecen la vida democrática porque son un foro donde la población puede expresarse con libertad. Frente a la desaparición del espacio público, copado por los grandes intereses económicos, los medios comunitarios abren espacios de presencia ciudadana a nivel local o regional. Son medios específicos y en esa medida únicos, porque ofrecen a cada audiencia una programación hecha a medida; de ese modo reflejan la diversidad de intereses de la audiencia.  
Tanto medios públicos como comunitarios son por ello aliados esenciales de una educación que sea concebida como un proceso de aprendizaje permanente, de toda la vida, en el que no hay “emisor” y “destinatario”, ni existe la supremacía autoritaria del maestro sobre el alumno, sino más bien un proceso de aprendizajes mutuos basados en el diálogo y la expresión creativa.
Al  igual que la escuela, los medios públicos y ciudadanos, los medios participativos y comunitarios, tienen la función de desarrollar ciudadanos y construir ciudadanía, que es algo más importante que reproducir patrones de comportamiento. Los medios comunitarios no son solamente un vehículo para trasmitir información diferente a la de los medios comerciales y pertinente a las comunidades, sino que son en sí mismos procesos y prácticas comunicativas que contribuyen a construir tejido social. Los procesos de comunicación son componentes pedagógicos del aprendizaje.



Comunicación y educación: Una relación necesaria
Los medios de comunicación y la educación están vinculados desde el mismo momento en que los medios ocuparon un lugar importante en la transmisión de información y conocimientos, tarea hasta el momento reservada a la escuela, la familia y otras instituciones sociales. El primer desafío que debe afrontarse en la educación del siglo XXI es un cambio de mentalidad y actitud, tanto en los alumnos como en los profesores. Frente a la identificación tradicional de la educación como la transmisión de conocimientos, se impone un nuevo concepto: el de la gestión del conocimiento. Eso significa que el alumno debe acceder a las informaciones necesarias, saber seleccionarlas, articularlas y aplicarlas a un determinado objetivo. Los medios de comunicación son una importante herramienta para conseguirlo

La relación entre comunicación y educación se da desde el origen mismo de ambos conceptos: no puede entenderse la tarea educativa sin una acción comunicativa. No hay quién enseñe si previamente no comunica. Sin embargo, si nos referimos a la educación y los medios de comunicación, nos encontramos con que han estado vinculados desde el mismo momento en que éstos ocuparon un lugar importante en la transmisión de información y conocimientos, tarea hasta entonces reservada a la escuela, la familia y otras instituciones sociales.
«Tanto en el proceso de adquisición y transmisión de información como de conocimientos, los medios juegan un papel fundamental, hasta el punto que se constituyen en referentes imprescindibles en el ámbito educativo a la hora de obtener una determinada conceptualización del mundo. Se han convertido en vehículos fundamentales de circulación de conocimiento y por ello son un factor imprescindible en la educación no formal a la hora de seguir nuestras pautas culturales. Queramos o no somos seres mediáticos y pertenecemos a una cultura que no puede entenderse ni existe al margen de la comunicación.»1
La presencia progresiva de los medios en la vida de las personas provocó que las relaciones entre comunicación y educación fueran conflictivas. Hubo dos tipos de desencuentros:
a)  Uno provocado por criterios divergentes a la hora de conceptualizar y  delimitar el espacio académico de la comunicación y la educación
 b)  Otro debido a distintas perspectivas en la aplicación práctica de sus supuestos teóricos.
En el primer caso, la autonomía de la nueva disciplina de la comunicación fue vista en un principio con recelos por otras disciplinas ya consolidadas y con espacios claros de interacción académica y social. Hubo sectores universitarios que consideraron que la comunicación, por sí misma, carecía de bases teóricas y que debía estudiarse desde otros campos como la sociología, la psicología, la educación o la historia. La pugna entre unos y otros para establecer competencias sobre la nueva disciplina, amén de ser estéril, empobreció la reflexión. En el caso de los medios de comunicación, la situación fue peor, ya que hubo un consenso generalizado en considerar que, para construir sus contenidos, tanto periodísticos como de entretenimiento, bastaban determinadas destrezas técnicas, un cierto conocimiento del uso de las nuevas tecnologías, y una práctica más cercana a un oficio que a una profesión.

Lo cierto es que en un principio muchos no supieron (o no quisieron) ver la complejidad que entrañaba la nueva disciplina de la comunicación. Los argumentos por los que se le negaban el pan y la sal en el ámbito académico cayeron en un análisis simplista. Una cosa es hablar de un mundo global y otra, saber dar respuesta a las contradicciones que inevitablemente plantea. Y en este caso, la contradicción reside en el hecho de aceptar, por una parte, que estamos en la denominada sociedad de la comunicación, y negar, por la otra, que su estudio pueda aportar una perspectiva nueva al conocimiento







El rol de las tecnologías

La idea de que se pueda asegurar una transmisión (cultural) con medios (técnicos) de comunicación constituye una de las ilusiones más habituales de la ‘sociedad de la información’, propia de una modernidad cada vez mejor armada para la conquista del espacio pero cada vez lo está menos para el dominio del tiempo.
Regis Debray
Los cambios que afectan el papel de la comunicación en la educación no deberían ser ni cosméticos ni instrumentales, sino de enfoque y de proceso. El añadido de nuevas tecnologías sobre un sistema arcaico de educación no es la solución. 
Se cree que dotando a las escuelas de computadoras, conectividad de Internet, cámaras de video y estudios de producción radiofónica, se acorta la “brecha” que existe entre una escuela que opera en base a la letra y una escuela que opera en base a la imagen. En ese caso se olvida algo muy obvio: lo que importa no es el libro o la computadora, lo que importa es el aprendizaje de la lectura (del texto o de la imagen, y el puente entre ambos).
La incorporación de la tecnología es apenas un paso en un nuevo proyecto educativo. La tecnología per se corre el riesgo de perpetuar un sistema decimonónico en lugar de renovarlo, si es que no se renueva a la vez el proceso educativo, basado en competencias emocionales y en experiencias vivenciales. Una educación pertinente que utilice como instrumentos las nuevas tecnologías, tendría sobre todo que crear posibilidades de construir de manera critica el conocimiento, haciendo énfasis en el dialogo y el debate, y en la apreciación crítica de los mensajes audiovisuales y de los propios procesos de comunicación e información.
La creatividad de los jóvenes debe ser alentada, no coartada con argucias técnicas. No basta que ellos elaboren los guiones, sino que tengan responsabilidad sobre todo el proceso de producción audiovisual, porque de otro modo, lo que uno percibe es que con el argumento de cuidar la calidad técnica, se implantan filtros y formatos convencionales que limitan la creatividad de los jóvenes y despojan de frescura sus obras.  Al final, todo se oye igual o se ve igual, porque ha sido modificado en función de un criterio conservador de la técnica y de la lectura audiovisual, por algún técnico bien intencionado que lo que hace es uniformizar todas las producciones para que suenen como una radio comercial.  De ahí la reiteración de los formatos, de los efectos sonoros o visuales, de la música… Al final, deja de ser el producto de la creatividad de un joven, para convertirse en un producto neutro, correcto técnicamente, pero sin emoción.
Cuando Mario Kaplún desarrolló sus experiencias de casete-foro, trataba “no sólo de ampliar audiencias para mensajes críticos, sino de potenciar emisores capaces de intervenir en procesos de comunicación desde la base, buscando generar interlocutores más que meros locutores, promoviendo el uso de la tecla record y no sólo de la tecla play de los grabadores de casete que se habían popularizado en aquella época”

La imagen que contrapone record a play es emblemática para imaginar los usos de las nuevas tecnologías de la información y comunicación en el contexto educativo. Significa ir mucho más allá de la difusión, de la reiteración, de la repetición, para darle prioridad a un proceso dinámico en el que los sujetos envueltos en el aprendizaje son comunicadores, están abiertos al diálogo y no son receptores pasivos. Apretar la tecla record significa participar en el sentido de apropiarse del proceso, de convertirse en actor en el proceso educativo o comunicativo.
En su uso más corriente las nuevas TICs ignoran por completo los procesos dialógicos “apelando principalmente a la interactividad (con una máquina) y no a una verdadera interacción  (entre personas)” dice  Kaplún y añade: “El ideal del estudiante aislado y conectado a una máquina niega en los hechos el carácter social del aprendizaje. La navegación solitaria en las autopistas de la información no puede reemplazar el aprendizaje, que es esencialmente social”.
Mario Kaplún consideraba “sospechosa” la palabra interactividad y prefería la interlocución, la intercomunicación y la interacción, propias del diálogo.
Educarse y comunicarse son dos caras de la misma moneda, o más bien, vasos comunicantes de los procesos de aprendizaje. Las tecnologías que en lugar de apoyar y fortalecer esos procesos, tienden a desmontarlos, conspiran en contra de los más altos ideales de la educación y de la comunicación. Los cuatro pilares del informe Delors mencionados anteriormente, no podrían sostenerse si las nuevas tecnologías no contribuyen a profundizar en el proceso de aprendizaje sino simplemente se enfocan en tareas de multiplicación y acumulación de información.
Hay que decir, sin embargo, que el malentendido no viene exclusivamente de la educación sino de los malentendidos y confusiones sobre la comunicación que hemos revisado anteriormente. No debe extrañarnos el uso mecanicista, subsidiario e instrumental de las tecnologías de información en la escuela, si en el mundo de la información y de la comunicación sucede algo similar. 

Debajo de las palabras, los significados ocultos

Es imprescindible recuperar el valor semántico de “educar” y de “comunicar”, pues ambos han sido distorsionados por el uso. Aunque las raíces de educar, provienen del latín “educere” y “educare”, el primero significa sacar lo que está adentro del ser humano, para prepararlo como ser social, mientras que el segundo nos remite a una acción de moldear y guiar. Sacar de adentro hacia fuera el potencial de conocimientos y valores, apoyar el desarrollo de algo que ya existe en el ser humano, en lugar de simplemente moldearlo, hacerlo igual a otro, para que asegure la transmisión de ciertas informaciones. Educere implica preguntar, dialogar, pensar y crear, en oposición a memorizar y repetir. La memorización y la repetición del modelo educativo, es lo que hace que permanezca una institución que se resiste al cambio.
Si la educación tiene la función de sacar lo que el individuo lleva adentro, para potenciar su creatividad y para socializar con los demás su conocimiento y sus valores, entonces no bastan los equipamientos y las capacitaciones en tecnología: lo que importan son los procesos que permiten comprender dimensiones de la imagen y del sonido que no por demasiado obvias son mejor entendidas. Es un hecho que en medio de la “sociedad de la información”, vivimos un galopante analfabetismo de la comunicación.  La comprensión de la comunicación es pobre, y las confusiones entre los propios especialistas son frecuentes.
En la medida en que la educación deje de ser percibida como un producto, y se comprenda como un proceso, se acercará más a su potencial de responder a las necesidades de la sociedad. Y precisamente es la comunicación la que puede contribuir en esa evolución, porque la comunicación es también proceso antes que producto. De ahí que es tan importante establecer entre los propios comunicadores la diferencia que existe entre información (producto) y comunicación (proceso).
En el caso de la “comunicación”, más sujeta a intereses económicos y políticos inmediatos que a lastres institucionales como la educación, se dan igualmente confusiones de términos. Communio significa compartir, poner en común, participar, lo que hace de la comunicación algo muy diferente de la información, y muy próxima al verdadero sentido de la educación. Sin embargo,  es muy corriente confundir en el lenguaje cotidiano la comunicación con la información, y los propios comunicadores y periodistas contribuyen a esa confusión.
Las carreras de periodismo, que hace dos o tres décadas cambiaron de nombre para convertirse de un plumazo en “carreras de comunicación social”, no han cambiado en lo fundamental su enfoque mecanicista. Cambiaron de nombre cuando incorporaron la publicidad, las relaciones públicas, pero mantuvieron la segmentación instrumental de sus departamentos por “medio”: prensa, radio, televisión, en lugar de organizar los estudios por área: comunicación para el desarrollo, comunicación ciudadana, comunicación y derechos humanos, etc.
Es como si en los estudios de medicina, los estudiantes tuvieran que optar por categorías instrumentales como ecografía, rayos X o tomografía, en lugar de estudiar anatomía, fisiología o histología. Así como la medicina estudia los procesos vitales del cuerpo humano, la comunicación estudia el proceso humano de comunicar. El estudio de los medios e instrumentos de difusión de la información es equiparable a los medios técnicos que usa la medicina para diagnosticar o curar.
En otras palabras, información no puede equipararse a comunicación, y los periodistas que manejan los mensajes no pueden equipararse a los comunicadores que facilitan procesos.
No lejos de esa confusión está la que asimila comunicación con comunicaciones.  Sobre todo su uso en inglés (o influenciado por el inglés) tiende a equiparar ambos términos. De hecho, la palabra “comunicaciones” no está en el diccionario de la Real Academia Española, es un anglicismo, y en inglés el plural se diferencia del singular en algo fundamental: communication alude al proceso humano de comunicarse, mientras que communications se refiere a un “sistema” que incluye las vías (carreteras, caminos) y los medios técnicos (teléfono, fax) utilizados
Una confusión similar a la que existe entre comunicación y comunicaciones,  aparece entre conocimiento y conocimientos. Corrientemente se alude a los “conocimientos” como la información que uno maneja sobre las cosas: uno tiene “conocimientos” sobre el cuerpo humano, sobre historia o sobre geografía. Pero el conocimiento es algo diferente no debe equipararse con la información, sino que el conocimiento es el lugar de encuentro entre las informaciones y la superestructura de cada individuo. El conocimiento es lo que cada uno de nosotros hace de la información que recibe, cuando la asume e incorpora a través del propio bagaje filosófico, cultural, emocional y contextual. De ahí que el conocimiento no es transferible, lo que es transferible es la información, a veces aludida erróneamente como “conocimiento”.
Lo anterior es importante, porque la palabra escuela o la palabra educación, ya no tienen el mismo significado para todos. Es muy diferente la manera como las entendieron Freinet, Vygotsky, Freire o Kaplún, a como la entienden quienes la conciben como un molde inamovible.